Las playas panameñas son escenario para los momentos más impresionantes de la vida de las tortugas marinas.

El primer espectáculo ocurre cuando tortugas marinas adultas salen del mar, exponiéndose a los peligros de tierra firme, para hacer un nido en la arena y poner sus huevos.

Dos meses después, ocurre el segundo acontecimiento: los cientos de huevos empiezan a abrirse y de adentro salen cientos de tortuguitas que a su primera bocanada de aire se encaminan hacia el resguardo del mar.

Estos eventos representan también el momento más vulnerable para las tortugas marinas. Nuestros perros, nuestros edificios, nuestra pesca, nuestra basura, la crisis climática que nosotros causamos y hasta nuestro flash se han convertido en las principales amenazas para la continuidad del ciclo de vida de las cinco especies de tortugas marinas que encontramos en nuestras costas.

Por eso, cada vez más personas están siendo, además de observadores, voluntarios. Comunidades enteras, como Mariato en el Pacífico de Veraguas, se han organizado alrededor del turismo de Observación de Tortugas para crear una economía que promueva la protección y conservación de las especies marinas que dependen de sus playas para anidar y nacer.

Sé parte del turismo de Observación de Tortugas, impresiónate viendo las maravillas de nuestra naturaleza y contribuye directamente con su protección y conservación.

Exposición fotográfica 

  • Las tortugas no suelen ser sociales. Nacen solas, pues su madre se retira una vez termina de esconder el nido recién hecho. Siguen así el resto de su vida, pues nadan y comen, migran y crecen solas casi todo el año... Con una excepción: cuando se reúnen frente a la costa porque es tiempo de reproducirse y continuar su ciclo de vida que lleva millones de años.

  • Las tortugas marinas suelen empezar su vida comiendo plancton en mar abierto. Al crecer, se acercan a arrecifes de coral donde comen algas, medusas, anémonas y, por supuesto, su plato favorito: esponjas de mar.

  • Las tortugas marinas, como otros reptiles, tienen una piel gruesa y la sangre fría. Para calentarse, nadan siempre cerca de la superficie. Así el sol alcanza a darles el calor que las mantiene saludables.

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